martes, 20 de septiembre de 2011

Se acabo el arrastrarme.

Ponerme el vestido más corto que exista, los tacones más altos de mi armario y los ojos más oscuros de la tierra. Ceñirme bien al cuerpo la indiferencia y pintar mis labios con auténtica zorrería.Salir, pero salir de verdad. Pillarme un buen pedo, bailar hasta que amanezca y ahí, plantear la lejana idea de volver a casa ya. Ponerme morada a chupitos y descalzarme al no poder más. Gritar en medio de la muchedumbre, esquivar las manos con vasos, bailar encima de aquella tarima y también de aquella otra, disfrutar del frenesí de la noche eterna y llevar a cabo mil y una locuras de las que al día siguiente piense: Ay mi madre que hice!.Desfasar totalmente.Llegar a tu lado con un contoneo enorme de caderas y sin mirarte ni lo más mínimo. Hoy mando yo y las normas no existen, susurro al pasar por tu lado. Y tú haciendo que no te importo, haces que no me has visto. Pero una sonrisa se dibujó en tu cara , tal vez pensabas que el vestido me sentaba estupendamente.Me mirabas cuando bailaba con aquel chico tan mono, cuando pedía otra, cuando se escuchaba mi carcajada hasta en la luna. Me viste tan cambiada, tan diferente a lo de antes, tan genial, tan tú, que lo único que se te pasaba por la cabeza a lo largo de toda la maldita noche era lo imbécil que habías sido al dejarme escapar.Yo seguí jugando a ser otra persona. Otros se mueren por saber a que saben mis besos, y tú lo sabes.

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